La Sangha:
La Sangha como un Medio de Desarrollo
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Introducción
La AOBO tradicionalmente ha enfatizado la gran importancia que tiene la comunidad spiritual, la Sangha. Sabemos por experiencia que necesitamos una sangha para que nuestra práctica sea efectiva. Las personas con las que nos juntamos causan un efecto muy hondo en nosotros. Necesitamos el apoyo y el estímulo de personas afines. Necesitamos el consejo y la inspiración de esas personas que han avanzado un poco más allá en el sendero. Asimismo, necesitamos un contexto social en el que encontremos confianza, honestidad y amistad, si queremos abrirnos y desarrollar la calidez emocional esencial para el crecimiento espiritual. Esta importancia crucial de la sangha siempre se ha reconocido así en el budismo y en estos tiempos de individualismo es aun más importante. Tenemos entonces que la sangha es importante para conseguir un fin, que es el progreso espiritual. Mas también es importante como un fin en sí misma. Para muchas personas, lo más atractivo de ser budista es la sangha misma y la idea de ayudar a construir una comunidad de personas que se relacionen sobre la base de la calidez, la generosidad y la apertura puede ser uno de los aspectos más inspiradores de la vida espiritual. Los textos que vimos en las últimas dos sesiones de la primera parte del curso tienen la intención de destacar estos dos aspectos de la Sangha. En el primero vemos una historia del Canon Pali que ilustra la necesidad de la amistad espiritual como parte esencial del desarrollo y que nos advierte con claridad sobre los riesgos del individualismo espiritual. En la última sesión, dos budistas modernos emplean otros personajes del Canon Pali para demostrar de qué manera el ideal de la Sangha puede ser una meta inspiradora en sí
“La Sangha como un medio para alcanzar un fin – la historia de Meghiya”
(Texto tomado del “Ud? na”, capítulo IV, El venerable Meghiya, basado en la traducción de Carmen Dragonetti y Fernando Tola)
“He aquí lo que he oído decir. Cierta vez el Bhagavant se encontraba en la aldea de Chaliká en la Colina Movediza. En aquella ocasión, el venerable Meghiya era servidor del Bhagavant. El venerable Meghiya se acercó a donde estaba el Bhagavant y habiéndosele acercado, saludándolo, permaneció de pie a un lado y le dijo: ‘Señor, deseo ir a la aldea de Yantu en busca de limosna’.
‘Meghiya, haz lo que te parezca conveniente’.
Entonces, el venerable Meghiya, por la mañana, después de vestirse, tomando su manto y su escudilla, entró en la aldea de Yantu para pedir limosna. Habiendo recorrido la aldea en busca de limosna, regresando por la tarde, llegó a la orilla del río Kimikalá. Una vez ahí, el venerable Meghiya se paseaba y vio un bosque de mangos placentero, encantador. Habiéndolo visto pensó: ‘¡Ah! ¡Qué placentero, encantador es este bosque de mangos! ¡Qué conveniente para la meditación de un hijo de familia deseoso de meditar! Si el Bhagavant lo permitiera, yo vendría a este bosque de mangos para meditar’.
Y el venerable Meghiya se acercó a donde estaba el Bhagavant y, saludándolo, se sentó a un lado y le dijo lo que había pensado, añadiendo:
‘Si el Bhagavant me lo permitiera, yo iría a ese bosque de mangos para meditar’.
Cuando el venerable Meghiya dijo esto, el Bhagavant le contestó:
“Estoy solo, Meghiya. Vé cuando otro bhikhu venga”.
Por segunda vez el venerable Meghiya le dijo al Bhagavant: “Señor, nada le
queda por hacer al Bhagavant ni nada por agregar a lo que ya ha hecho, pero a mí sí, señor, me queda mucho por hacer y tengo mucho por agregar a lo que ya he hecho. Si el Bhagavant me lo permite, yo iría a aquel bosque de mangos para meditar”.
Por segunda vez el Bhagavant le contestó al venerable Meghiya:
“Estoy solo, Meghiya. Vé cuando otro bhikhu venga”.
Por tercera vez el venerable Meghiya hizo su petición y el Bhagavant le dijo:
“Si me hablas de meditación, Meghiya, ¿qué puedo decirte? Haz lo que te parezca conveniente”.
Y el venerable Meghiya, levantándose de su asiento, saludando al Bhagavant, se
dirigió al bosque de mangos y, una vez ahí, internándose en él, se sentó bajo un árbol durante las horas de calor. Y mientras el venerable Meghiya se encontraba en aquel bosque de mangos, continuamente surgían en él tres clases de pensamientos malos e impropios: pensamientos de sensualidad, pensamientos de malevolencia y pensamientos de crueldad.
Y el venerable Meghiya pensó: “¡Qué increíble! ¡Qué extraordinario! Yo he salido de mi casa impulsado por la fe para llevar una vida errante y mendicante y, sin embargo, me asaltan estas tres clases de pensamientos malos e impropios: pensamientos de sensualidad, pensamientos de malevolencia y pensamientos de crueldad”.
Y el venerable Meghiya, saliendo por la tarde de su retiro, se acercó a donde se encontraba el Bhagavant y le dijo: “Señor, mientras me encontraba en aquel bosque de mangos, continuamente surgían en mí tres clases de pensamientos malos e impropios. Y yo pensé, señor: ‘¡Qué increíble! ¡Qué extraordinario que me asalten así estas tres clases de pensamientos malos e impropios’”.
El Bhagavant respondió: “Meghiya, cuando la liberación de la mente no ha madurado por completo, cinco cualidades conducen a su complete maduración. ¿Cuáles son esas cinco cualidades? Meghiya, que un bhikhu sea un buen amigo, buen compañero. Ésta es la primera cualidad que, cuando la liberación de la mente no ha madurado por completo, conduce a su completa maduración. En Segundo lugar, que un bhikhu posea disciplina moral, dotado de buena conducta, viendo peligro en las más leves faltas, que se ejercite en los preceptos haciéndolos suyos. Ésta es, Meghiya, la segunda cualidad que, cuando la liberación de la mente no ha madurado por completo, conduce a su completa maduración. En tercer lugar, que un bhikhu goce, no se mortifique, no sufra con las siguientes clases de conversaciones austeras, beneficiosas para la apertura de la mente y que conducen al completo desencanto, al desapasionamiento, a la cesación, a la calma, al conocimiento, a la iluminación, al nirvana, a saber: conversación sobre la moderación de los deseos, la satisfacción, la soledad, sobre el desapego, sobre la energía, sobre la disciplina moral, sobre el samadhi, sobre el conocimiento, sobre la liberación, sobre la intuición y el conocimiento de la liberación. Ésta es, Meghiya, la tercera cualidad que conduce a la completa maduración de la liberación de la mente. En cuarto lugar, que un bhikhu viva desplegando gran energía para el abandono de las malas cualidades y para la adquisición de las buenas cualidades, firme e intensamente esforzado, no rehuyendo el yugo cuando se trata de las buenas cualidades. Ésta es, Meghiya, la cuarta cualidad que conduce a la completa maduración de la liberación de la mente. En quinto lugar, que un bhikhu posea sabiduría, esté dotado del conocimiento que lleva al discernimiento del nacer y perecer, conocimiento noble, penetrante y que conduce a la completa destrucción del sufrimiento. Ésta es, Meghiya, la quinta cualidad que, cuando la liberación de la mente no ha madurado, conduce a su completa maduración”.
“Meghiya, el bhikhu que es un buen amigo, buen compañero, debe desear poseer disciplina moral, vivir dotado de buena conducta, viendo peligro en las más leves faltas y ejercitarse en los preceptos. Meghiya, el bhikhu que es un buen amigo debe desear gozar, no mortificarse, no sufrir con las siguientes clases de conversaciones austeras, beneficiosas para la apertura de la mente y que conducen al completo desencanto, al desapasionamiento, a la cesación, a la calma, al conocimiento, a la iluminación, al nirvana, a saber: conversaciones sobre la moderación de los deseos, la satisfacción, la soledad, sobre el desapego, sobre la energía, sobre la disciplina moral, sobre el samadhi, sobre el conocimiento, sobre la liberación, sobre la intuición y el conocimiento de la liberación. Meghiya, el bhikhu que es un buen amigo, debe desear vivir desplegando gran energía para el abandono de las malas cualidades y para la adquisición de las buenas cualidades, firme e intensamente esforzado, no rehuyendo el yugo cuando se trata de las buenas cualidades. Meghiya, el bhikhu que es un buen amigo debe poseer la sabiduría y estar dotado del conocimiento que lleva al discernimiento del nacer y el perecer, conocimiento noble, penetrante y que conduce a la completa destrucción del sufrimiento”.
La Sangha (2) – La Sangha como Objetivo
(Texto abreviado, de ‘Budismo y Amistad’, de Subhuti, con colaboración de Subhamati, Capítulo 2: “Una sola Mente: La Amistad como Finalidad”)
La dimensión ‘horizontal’ de la amistad espiritual
En la historia de Meghiya vemos su egocentrismo y su ingenuidad, en contraste con la cuidadosa sabiduría del Buda. En este sentido, la amistad que se nos muestra es dispareja, pues uno de los compañeros tiene un avance espiritual mayor que el otro. Es un tipo importante de amistad espiritual, pero no el único.
Hay también un tipo de Amistad que existe entre quienes se hallan más o menos al mismo nivel. Esos amigos son como hermanos espirituales o, bien, como dos viajeros. Aunque esta clase de amigos se encuentra con mayor facilidad que un guía, también es muy valiosa. El sendero espiritual es largo, arduo y es fácil perderlo.
Nuestro guía, si tenemos la suerte de contar con uno, quizá tenga otros asuntos que atender, de modo que no siempre estará a la mano para resolver nuestras dudas, reanimar nuestros ánimos decaídos o hacernos recuperar el camino cuando la tentación distrae a nuestros pies erráticos. Es importante que no solo tengamos un guía sino también compañeros en el sendero. Esos compañeros representan la dimensión ‘horizontal’ de la amistad espiritual.
En el budismo, la amistad espiritual (kalya?a mitratá) se entendió en un inicio que no sólo incluía la relación entre maestro y discípulo, sino también cualquier amistad entre buenaspersonas que veneraban al Buda y su Dharma. Es algo que se ve muy claro, por ejemplo, en la enseñanza que le da el Buda al discípulo laico Dighayanu:
“¿Qué es la amistad [kalya?a mitratá]? Aquí... o en cualquier aldea o pueblo donde habite un hijo de familia, se relacionará con padres de familia o con los hijos de éstos, ya sean jóvenes o ancianos, con una madurez en virtudes, en generosidad y en sabiduría. Él conversará con ellos y debatirán. Emulará su capacidad para la fe, la virtud, la generosidad y la sabiduría. Esto es lo que se llama una buena amistad”.
Aun cuando estas palabras iban dirigidas a un laico, no por eso hemos de concluir que la amistad horizontal era relevante nada más en el caso de los discípulos laicos. No podríamos tener mejor ejemplo que el de Sariputta y Moggallana, dos de los más sobresalientes monjes del Buda. Para mí, el aspecto más interesante de su relación fue que Sariputta y Moggallana siguieron siendo amigos incluso después de que ambos alcanzaron la iluminación. Parece que la amistad no se limita al sendero sino también a la meta de la vida espiritual. Es importante asimilar esto, ya que si sólo entendemos la amistad espiritual como parte del sendero estamos en riesgo de cultivar la amistad no por ella misma sino “en beneficio de mi desarrollo espiritual”.
Si lo pensamos así podemos terminar suponiendo que nuestros amigos son “parte del equipo” que está para servirnos cuando queremos lograr nuestras ambiciones espirituales. Si así fuera no serían realmente nuestros amigos. La única manera de tener una auténtica amistad espiritual es cuando la contemplamos como un fin en sí o, por lo menos, como parte intrínseca de un objetivo mayor.
Tres amigos
La visión de la amistad como parte de la meta se expresa en un sutra (un discurso) que cuenta la conmovedora historia de Anuruddha y sus amigos. Anuruddha, Nandiya y Kimbila residen juntos en un tranquilo bosquecillo. Una tarde, el Buda acude a visitarlos, después de levantarse de una meditación en solitario. Cuando se percatan de que su maestro viene, los tres monjes se aprestan a darle la bienvenida. Uno le recibe su cuenco y el manto exterior que lo abriga. Otro le prepara de inmediato un asiento y el tercero trae agua para lavarle los pies. Una vez que se sientan los tres, el Buda se cerciora primero que su salud sea buena y que estén bien provistos de alimento. Entonces procede a preguntarles cómo es su vida en comunidad. En esencia, su primera pregunta es sobre la manera en que se llevan entre sí. Anuruddha le confirma que los tres viven en armonía, que se aprecian y que no pelean. Que son como la leche y el agua (que se mezclan sin problema) y que se contemplan con amabilidad.
El Buda (que sabe muy bien que no todos sus monjes conviven con tanta cordialidad) les pregunta cómo hacen para vivir así. Anuruddha cuenta que él se siente muy afortunado de compartir la vida espiritual con unos compañeros tan buenos como Nandiya y Kimbila. Dice que para él eso es una “gran ventaja”. La forma en que viven juntos es una expresión de mettá. De acuerdo con ello, él mantiene una actitud positiva hacia sus dos compañeros en todo lo posible: buenas obras, habla amable y pensamientos amorosos. Lo que dice Anuruddha sugiere que ha estado desarrollando mettá hacia sus compañeros. Tal es su práctica. Es algo que se alimenta de atención consciente y forma parte de la vida espiritual. Sin embargo, lo que empezó siendo una práctica, ahora es una segunda naturaleza. Ha llegado al punto de que, como parte de su rutina, antepone a los suyos los deseos de los
demás. Sencillamente se pregunta: “¿Por qué no habría de dejar a un lado lo que quisiera yo hacer para mejor hacer lo que desean los demás?” Es eso lo que hace precisamente. Como conclusión, le dice al Buda: “Nuestros cuerpos son diferentes, venerable señor, pero tenemos una sola mente”.
Nandiya y Kimbila, por su parte, contestan al Buddha de la misma forma. Cada uno comenta que ha declinado a hacer su voluntad y que vive como le agrada a los otros dos. Todos concuerdan en que sus cuerpos son diferentes pero que tienen una sola mente. Como todos han cedido su voluntad para hacer la de los demás no hay modo de suponer que uno de ellos domine sobre los otros. Parece que tienen una voluntad compartida o, como quien dice, una misteriosa coincidencia de voluntades, basada en una atención consciente de unos para otros y mucha armonía.
El Buda expresa su aprobación ante la manera en que viven los tres amigos y les pregunta cuáles son los frutos espirituales que ello les ha dado. Les pregunta: “Mientras viven de ese modo... ¿han alcanzado algún estado sobrehumano, una distinción en el conocimiento y la visión que sean dignas de los nobles?” Anuruddha responde por los tres y revela que todos ellos han pasado por el rango completo de logros espirituales y trascendentales. En otras palabras, los tres son arahats plenamente iluminados. El Buda se deleita con esas noticias tan maravillosas.
Al final, después de platicar otro poco, el Buda se marcha. Entonces, Nandiya y Kimbila le preguntan a Anuruddha: “¿Te dijimos alguna vez que habíamos logrado todos esos alcances que comentaste que hemos tenido?” Y Anuruddha reconoce que no. Ellos jamás le habían hablado de eso. No obstante, él sabe de sus “logros y alcances” porque su mente abarca la de ellos. O sea que conoce directamente sus estados internos sin que tengan que decírselo. Si Anuruddha puede hablar con tanta seguridad de los logros espirituales de Nandiya y Kimbila sin haber escuchado nada sobre el tema debe de ser porque cuando mencionan que son “una sola mente” no están utilizando una figura retórica. En realidad eso ocurre.
La anécdota de los tres amigos ilustra la amistad espiritual como algo que pertenece tanto al sendero como a la meta. De hecho, el discurso parece sugerir que hay una especie de espiral ascendente, en la que una vida que se comparte con los amigos conduce hacia arriba, a la realización espiritual, que a su vez conlleva el fruto de una amistad más profunda y una comunión más plena.
La Sangha como redes de amistades
En el ejemplo de Anuruddha, Nandiya, y Kimbila vemos cómo kalya?a mitratá une al grupo de esos tres discípulos de tal manera que constituyen un círculo de amigos. Esto nos recuerda que, mientras que la amistad es, en esencia, una relación entre dos personas, de ninguna forma es una relación exclusiva. Un amigo es libre de tener otros amigos y dos amigos pueden tener amigos mutuos. Entre personas que están comprometidas con el mismo ideal espiritual, este esquema entrelazado de amistades es de lo más natural.
Me parece que una red así de amigos espirituales, unidos por una orientación común hacia el Buda y el Dharma, es intrínseca al sentido de lo que los budistas denominan sangha. La palabra sangha alude a la comunidad espiritual budista. Con frecuencia se supone que sólo los monjes cuentan como parte de la sangha.
Lo cierto es que sería más correcto decir que los monjes constituyen una sección de la comunidad espiritual. La tradición reconoce asimismo una mahá-sangha o “gran comunidad”,que incluye al Buda y sus discípulos laicos.
La amistad es intrínseca al sentido de la sangha. Por lo regular no es posible (ni siquiera dentro de una sola localidad) que cada miembro de la sangha sea el amigo personal de uno sí y otro no. Sin embargo, a mi parecer, un individuo participa en verdad dentro de la sangha mediante su amistad con al menos algunos de sus miembros. Las amistades que componen una sangha tienden a crecer por naturaleza. Se van haciendo más profundas a medida que los amigos se conocen mejor y conforme van avanzando por el sendero espiritual haciéndose compañía. Una amistad así también tiende a crecer en número. Se entablan nuevas amistades dentro de la sangha existente y ésta atrae de manera natural a nuevos miembros. El auténtico desarrollo de una sangha consiste en que algunos individuos ingresen a esta red de amistades.
La descripción de la vida de Anuruddha y sus amigos nos ofrece una especie de fotografía de una sangha ideal en miniatura. En el mejor de los casos, participar en una sangha es vivir como compartían ellos tres, con tal armonía entre amigos espirituales que lleguen a ser “una sola mente”. En verdad que se trata de un ideal muy elevado y quizá nos resulte difícil de imaginar como una realidad, pero aunque lo sublime de ese ideal nos parezca un tanto desalentador nos sirve para ejemplificar con claridad el rumbo en que debemos ir si queremos conocer el más profundo significado de la sangha.
Las Tres Joyas
Los miembros iluminados de la comunidad espiritual, como en el caso de Anuruddha y sus amigos, son una suerte de sangha sublime dentro de la sangha. La sangha sublime (que muchas veces se distingue escribiéndola con S mayúscula) es, de hecho, una de las Tres Joyas; lo más preciado que hay en el budismo, junto con el Buda y el Dharma.
Si el budismo ha elegido honrar a tres cosas como lo más importante en su ámbito podemos imaginar que el corazón esencial del budismo no se puede encapsular satisfactoriamente en una sola imagen o idea y que sólo lo podremos entender cuando lo veamos desde tres perspectivas o, como quien dice, contemplándolo con una vista “periférica”. La joya del Buda representa el ideal espiritual personificado por un individuo humano. La joya del Dharma es el ideal espiritual visto en abstracción como la verdad esencial y los medios espirituales. La joya de la Sangha es el ideal espiritual que personifican los que se hallan más avanzados en el sendero espiritual, pero pienso que si la consideramos simplemente así, como una categoría o clase de individuos no le haremos justicia a la plena relevancia de la joya de la Sangha. Como yo la percibo, la Sangha (con o sin mayúscula) es un organismo vivo y la sangre que lo alimenta es la amistad espiritual.
